Mi primo ecologista






El otro día caminaba por el parque y me encontré con mi primo Antonio, que, luego de ser parte de la Iglesia Universal del Reino de Dios, del Partido Colorado y de otras sectas, se convirtió al ecologismo más radical. 

Lo vi sentado en un banco, comiendo una lechuga. Me le acerqué y nos saludamos. Después de confesarle que cada tanto me comía unas milanesas al plato, y de rechazarle unas veinte veces las rifas de Greenpeace (andaba sin plata), comenzó abruptamente a explicarme: 

"Cada vez que uno se echa desodorante en aerosol abajo de una axila, el agujero de la capa de ozono se agranda, se agranda mucho, algo así como unos diez centímetros. Y por cada diez centímetros que crece el agujero de la capa de ozono, se derrite un glaciar, ¡un glaciar! ¿Podés creer? Y por cada glaciar derretido se mueren como tres osos panda, sí, tres, y cada tres osos panda muertos se rompe el equilibrio de un bosque chino, lo que lleva a la muerte de unos mil chinos, ¡mil! ¿No es impresionante?"


Antonio dijo todo esto y luego terminó de comerse la lechuga. Se levantó. Nos despedimos con un fuerte abrazo y se fue a una reunión. Me emocioné al verlo irse, con un olor a transpiración repugnante, pero lleno de conciencia social.