Mi tío anarquista










Cuando se cumple un año de su trágica muerte, dedico estas palabras a la memoria de mi tío Silvio, quien,  luego de pasar por el budismo, el confucianismo, la venta de productos de Nuvó y otras religiones, se convirtió al anarquismo, creencia por la que dio su vida.

Recuerdo con dolor y ternura aquel día en que se levantó de la cama y exclamó que desde entonces sería anarquista: tomó la cartuchera de su hija y tiró a la basura todas las reglas; anunció que no vería más fútbol porque estaba en contra de todos los partidos; cerró su cuenta de Facebook porque se declaró enemigo de todos los estados; salió de su casa y comenzó a cruzar las calles con la luz roja asegurando que "los semáforos son un perverso invento de la civilización burguesa que nos dice cuándo movernos y cuándo no, limitando nuestras libertades y convirtiéndonos en esclavos del sistema". 

Se lo llevó puesto un 104. Justo un 104 que iba a Ciudad Vieja: ese era su destino.