Palabras de Domingo









Otro domingo llega a su fin y nos deja frente al espejo de lo que hemos hecho durante estas últimas horas de "descanso": nada que merezca contado. 

Pero antes de irse, ya con un pie afuera, nos dice unas palabras:

"Esperaste que llegara, me anhelaste, me ansiaste locamente en tus días de trabajo y horarios, y ahora que me estoy yendo decís: '¿para esto viniste?' Y yo, domingo, te respondo: sí, para esto vine, para nada, porque eso soy, la nada prometida que todos necesitan cada día para levantarse y seguir, y que, una vez que llega, resulta tan escandalosamente gris, tan obscenamente nada, que es capaz de hacer que la gente anhele trabajar o estudiar antes que la presencia de sus infinitas y viciosas horas de intrascendencia."

Y, tras decir esto, el domingo, que es la muerte, la angustia humana con forma de veinticuatro horas, la pesadilla de los espíritus lúdicos, el clímax de los abismos del vacío, la depresión en siete letras y una invitación al suicidio en tres sílabas, funcional y lastimoso, se retira. Hasta la semana que viene...