16 de septiembre de 2012

Cristina, las putas y el goce











 Vivimos en una sociedad en la que los insultos están fuertemente marcados por el machismo: a una mujer se la insulta llamándole “puta” o “hija de puta”. Un mal tipo es un “hijo de puta”, al que, además, uno puede decirle que se vaya a la concha de su hermana o a la puta que lo parió. Con “puto” se “acusa” a un hombre de estar, en uno u otro sentido, feminizado. Con “cornudo” se le dice a un hombre que su mujer es puta, y con “cornuda” se trata a la mujer de idiota: no advierte que su hombre la engaña, posiblemente con una puta. “Chupa pija” es otro modo habitual de insulto que, si bien es cierto que se usa tanto para hombres como para mujeres, se refiere a una actividad sexual que (aunque no solamente) las mujeres practican con cierta normalidad. Y nunca faltan, por supuesto, “conchuda” y “cotorruda”, insultos con los que se “acusa” a una mujer de tener vulva grande y, probablemente, de saber de un goce sexual igual de grande… Obsérvese que los tres últimos calificativos mencionados dan cuenta también del miedo que para la sociedad representa (aún hoy, cada vez en menor medida, pero aún hoy) el goce femenino.

Más allá del machismo en los insultos y en otras instancias sociales, parece claro que las sociedades registran avances en lo que refiere a la causa de la liberación femenina, al punto de que, y por ejemplo, una mujer fue dos veces electa presidenta de la República Argentina. Y es contra esta misma mujer, Cristina Fernández de Kirchner, que tuvo lugar una multitudinaria manifestación callejera el pasado 13 de setiembre; en dicha manifestación, un cántico sonó reiteradas veces, al igual que como sucedió en las protestas anteriores: “¡Es para vos, es para vos, Cristina puta, la puta que te parió!”.

Desde luego, los calificativos “puta” e “hija de puta” no fueron inventados para la presidenta argentina, mas su utilización tampoco es un dato más y menor. Primero, porque da cuenta del machismo socialmente instalado, y en segundo lugar porque el término “puta” tiene implícitas otras connotaciones que me propongo abordar.
  


1. Cristina como la puta de los pobres

Para los manifestantes opositores, de las clases media y media alta, Cristina es una puta porque la vinculan con los sectores socialmente bajos. Las mujeres de las clases acomodadas “reciben regalitos” y pueden ser “gatos”, o “acompañantes” o, de última, “fáciles”; en cambio, las putas son siempre pobres. Parece obvio que Cristina Fernández está muy lejos de ser pobre (de hecho, es multimillonaria), mas existe en el imaginario de las clases acomodadas una fuerte relación afectiva y de intereses entre ella y los pobres, relación que fue explicitada en el cántico “¡Hay que saltar, hay que saltar, el que no salta es negro y K!” (“negro” en tanto sinónimo de pobre). Así, cuando los manifestantes llaman puta a Cristina, lo que hacen es asociarla al arrabal, a los elementos socialmente marginados, a las clases históricamente postergadas, las que se han visto, de una u otras manera, favorecidas con sus políticas.

  

2. Cristina como la puta femenina

Cristina es puta, además, porque abiertamente enseña su feminidad; lejos de esconder sus rasgos femeninos, los exhibe y de manera sumamente sensual. En una sociedad en la que la belleza y el goce femenino sólo son aceptados si están en función del género masculino, una mujer que siempre aparece producida, elegante, femenina, y que, encima, es viuda (sí, ¡viuda!), no resulta fácil de tolerar: “¿Para quién se viste y maquilla de esa manera?”. Y esto del fastidio que provoca la coquetería de la presidenta argentina corre muy especialmente para las mujeres que pertenecen a las clases pudientes:

Para las pobres, Cristina viste las ropas y luce las joyas a las que ellas nunca van a acceder, pero esto no les produce enojo sino admiración, encanto, dado que, como se ven favorecidas por sus políticas, la sienten como una de las suyas, una “infiltrada”; en tanto, en las mujeres de clase media y media alta esto mismo produce desprecio y envidia: desprecio, porque es una de las “suyas” que se asoció a los pobres-negros; envidia, porque la presidenta se viste como ellas quisieran vestirse, o igual que como ellas lo hacen, pero sus telas y sus diseñadores son y serán siempre los mejores; y, por si fuera poco, toda su belleza-femineidad la exhibe mientras detenta mucho poder, mientras está en el vértice de una pirámide masculina de poder, lugar en el que ellas sienten que nunca van a estar.



 3. Cristina como la puta que goza

Y final, y terriblemente, Cristina es puta porque goza. Goza porque se la ve bien, porque tiene carácter, porque lejos de ser sometida siempre se muestra desafiante, porque ríe y sonríe mucho, porque es cálida pero a la vez tiene autoridad: goza, es decir, disfruta, con el ejercicio del poder.

Todo este tema del goce apareció obscenamente expuesto la semana pasado en la revista Noticias (del colaboracionista Jorge Fontevecchia), en cuya tapa podía verse un dibujo de la presidenta de ojos cerrados y boca abierta, en una actitud claramente orgásmica. Dicha imagen fue tomada del videoclip de una banda de rock llamada Rosckadictos (radicada en Miami), el cual, con formato animado, muestra a la presidenta Cristina Fernández saliendo al balcón de la Casa Rosada y saludando a las masas, y luego, una vez dentro de esta, masturbándose. Noticias acompañó la polémica imagen con el título “El goce del poder”, argumentando que la presidenta se encuentra cada vez más procaz, que el uso reiterado de la cadena nacional la excita y que se erotiza con el ejercicio del poder y el contacto con la masa. Desde luego, la nota de la revista carece de sustento: sólo se apuesta al impacto, al desgaste y la ridiculización de la imagen presidencial. Y es partiendo de esto último que me permito algunos interrogantes para nada originales:

¿Dónde está el problema de que una persona goce ejerciendo una determinada actividad/profesión? ¿Por qué el goce femenino es noticia y necesita ser minuciosamente explicado? ¿Cuál sería el problema y cuál la trascendencia que escondería el hecho de que la presidenta efectivamente gozara y se masturbara? ¿Desde cuándo los grandes medios se abocan a estudiar la vida y los gustos sexuales de los gobernantes? ¿Alguien se imagina la tapa de una revista con Menem, De La Rúa o Macri masturbándose? Y por último, si a esta bajeza está expuesta la presidenta de un país, ¿qué lugar guardan la sociedad y el periodismo para el resto de las mujeres?

En todas las posibles respuestas que pueden dársele a estas preguntas, no puede no asomar el machismo. Primero, porque la tapa es agresiva e irrespetuosa para con la figura presidencial y, puesto que nunca se hubiese hecho algo semejante con un gobernante masculino, lo que se configura es un abuso de género.

En segundo lugar, ya es machista el simple hecho de estudiar el goce de una mujer (el artículo “periodístico” arguye que tiene sus bases en el psicoanálisis): sólo se estudia algo que despierta interés y/o que resulta anormal, distinto, excepcional. Y si asumimos que el dato del supuesto goce de Fernández es, para la política, poco o nada trascendente e interesante, lo que queda es el elemento novedoso: pero hasta donde puede saberse, las mujeres están biológicamente capacitadas para gozar igual que los hombres. 

En tercer lugar, se explota el tabú de la masturbación femenina; lo que subyace es la antiquísima idea de que la mujer no se masturba (y no debe nunca hacerlo) puesto que su vida sexual debe estar atada únicamente a la complacencia de los hombres; el goce femenino no existe si no es en función del goce masculino. Y la que viene a desafiar todo esto es la procaz de Cristina, ¡una presidenta! ¡Que no sólo se masturba en soledad, sino que además lo hace pensando no en un hombre, sino en una masa!

A modo de conclusión, podemos decir que Cristina le duele a determinados sectores sociales por mujer, por femenina, y porque goza con el ejercicio del poder, porque goza con y para los negros-pobres que conforman la masa.



4. La frustración de los opositores

Para finalizar, dos aclaraciones se tornan necesarias:

Primero, decir la obviedad de que el machismo no lo inventaron ni Noticias ni los manifestantes opositores que entonaron aquellas desgraciadas consignas: el goce femenino es desde hace siglos un tema tabú, y la palabra “puta” no nace para referirse a Cristina Fernández de Kirchner, aunque cuando se use en su contra, y desde un determinado contexto socio-económico, se potencien algunas de sus connotaciones.

En segundo lugar, parece evidente que ni los opositores ni los defensores del kirchnerismo se definen por la cuestión de género, aunque ésta sirve para explicar muchos elementos discursivos que asoman desde ambos espacios políticos. A los opositores mediáticos y de las clases pudientes, el kirchnerismo les resulta sencillamente intolerable por sus políticas, lo que se agrava por el hecho de que dicho proceso político lo esté liderando una mujer, configurándose así un juego de goces entre la líder y las masas del que se sienten dolorosamente excluidos.