"Un Techo para mi País" en diez líneas










1. Corina Gómez (20), estudiante de Psicomotricidad



TECHO busca la superación y el progreso de familias que están en situación de pobreza a través de la implementación de planes de desarrollo comunitario que se hacen mediante el trabajo de las familias que viven en asentamientos junto a jóvenes voluntarios. Primeramente se hace un acercamiento a la comunidad para conocer sus necesidades; luego comienza la construcción de viviendas de emergencia, lo cual corresponde a la primera etapa; en la segunda etapa se realiza una mesa de trabajo en donde se trabaja en respuestas a las necesidades detectadas, educación, capacitación de oficios, etc.; y la última etapa corresponde a la solución definitiva: vivienda definitiva, regularización de terrenos, etc. Llevo dos años trabajando en TECHO y pienso seguir hasta ver una sociedad justa, con oportunidades para todos y sin pobreza.



2. Rafael Piñeiro (35), politólogo

La caridad, o en su versión moderna el voluntariado, la responsabilidad social empresarial y el marketing social, son residuos atávicos de tiempos en los que la provisión de bienes públicos estaba en manos de privados. Poco a poco fuimos comprendiendo que este tipo de bienes deben ser provistos por el Estado, asegurados por él y financiados con impuestos. Esta transformación no sólo responde a una manera eficiente de resolver problemas sociales, sino también a la única compatible con la democracia. Sólo los impuestos permiten definir democráticamente en qué y cómo gastar. De lo contrario sólo los que pueden hacer aportes voluntarios (a los que les sobra el tiempo y/o el dinero) tendrían derecho a decidir sobre qué bienes públicos proveer y cómo hacerlo. En consecuencia, la manera más democrática y moderna de ser solidario no es hacer casas en nuestro tiempo libre, o donar dinero a una ONG, sino simplemente pagar impuestos.



3. Elena Mederos (39), empleada

Si bien Un Techo para mi país no es la solución definitiva para ninguna familia, mientras no existan otras soluciones por parte del estado, nadie puede señalar sus errores o defectos. Parece claro que las viviendas de Un techo para mi país no son las ideales ni nada parecido, pero para aquellas personas que no tienen nada mejor son un gran cambio en su calidad de vida. Además esta construcción de viviendas que se hace gracias a la voluntad de quienes colaboran o fabrican las casas no necesita de mucha burocracia ni tiene grandes problemas de financiación, a diferencia de lo que pasa con otros planes de viviendas. Por eso, y como dije antes debemos apoyar este tipo de emprendimientos que sacan lo mejor de nosotros y de nuestros jóvenes.



4. Matias Prieto (20), estudiante de Ciencias Económicas

Nunca leí mucho sobre este tema, cómo funcionaba la ONG y cuál era bien la obra que llevaba a cabo. Con lo que alcance a ver por los medios que la difundían, me pareció una buena idea ya que su objetivo es aparentemente el de construir viviendas de emergencia para familias que viven en lugares poco salubres y no tienen para mejorar su situación. Bueno, al interiorizarse sobre el tema uno no hace más que indignarse ya que lo que hace esta ONG está lejos de brindarle un hogar digno a esas familias. Las “viviendas de emergencia” no tienen para mí ninguna ventaja con lo que era antes su hogar, cambian un rancho donde no puede vivir gente por otro (mas prolijo) donde tampoco puede vivir gente. Esto no es inclusión social, es ponerle un parche a un gran problema social.



5. Antonio Villegas (50), comerciante

Prefiero no hablar sobre lo que hace o deja de hacer Un techo para mi país porque eso es algo ya sabido por todos. Simplemente quisiera expresar mi descontento con los debates que se arman en relacion a este tipo de temas y especialmente con los cuestionamientos. Si todos gastaramos el tiempo que usamos debatiendo sobre Un techo para mi país en donar más dinero o en ayudar a levantar casas, seguramente en Uruguay y en otros países ya se habría solucionado el problema de la vivienda. Mientras esperamos por el estado, por las intendencias o lo que sea, la gente sigue viviendo en casas indignas, y alguien tiene que hacer algo, y ese alguien son los jovenes de Un techo para mi país.



6. Ana Paula Rodríguez Peregalli (22), estudiante de Ciencia Política

Recuerdo que con mi familia, laburadora, pasábamos el verano en La Floresta, en la casa de mis abuelos, donde siempre tuve un solo inflable muy chino y económico, el cual mi vieja emparchaba todos los veranos para que yo pudiera jugar. Todos los veranos se pinchaba y le poníamos un parche, nunca terminábamos con el problema, eran soluciones para el momento. Ese parche, para mí, es la caja de cartón que Un Techo da; no es mala la solución, pero no es la mejor. Pero, dicen por ahí, que peor es nada. Creo que toda la sociedad tiene que poner el ojo en el plan del Estado JUNTOS, que toma la modalidad voluntaria, positiva de Un Techo, pero que da una solución de manera mas paulatina y eficaz en los asentamientos: la casa definitiva de bloque con saneamiento.



7. Damián Coalla (32), actor y empleado de oficina

No me cae bien Un Techo, me huele a iglesia católica y final -y terriblemente- a Opus dei. Ese asistencialismo sin seguimiento me parece más útil para lavar culpas de ser pudiente; entendiendo por pudiente el hecho de ir a colegio privado, trabajar para una corporación internacional o, en su defecto, una empresa uruguaya que imita las “mejores prácticas” de dichas corporaciones. Para estas empresas, dedicar un día de trabajo en ir a construir una “casa” es una acción de RSE y que, al comprometer a todo el equipo, funciona como una actividad de “team building” y blablabla... le viene bárbaro. Por otro lado, veo bien que la gente se movilice y haga cosas por otros, el problema, me parece, radica en las intenciones de quienes movilizan a esa gente, que, como dije antes, me huelen mal.



8. Rodrigo Trindade (24), estudiante de Arquitectura

Como voluntario de Un techo para mi País puedo decir que en los dos años que llevo participando en la organización tuve la oportunidad de poder ver como familias que viven en condiciones muy precarias mejoran sustancialmente su condición de vida gracias a las viviendas de emergencia que se les construye. Pero además también logra juntar a personas de diferentes contextos sociales para trabajar en equipo y ayudar a personas que viven en una realidad totalmente diferente a la que suelen conocer. Esto es también muy importante ya que ayuda a la gente a romper prejuicios sobre la gente de los asentamientos, y ayuda a pensar en qué es lo que todos podemos hacer, cada uno desde nuestro lugar, para que en el futuro no exista más pobreza.



9. Ismael Castagnet (36), informático y activista por el software libre


Atrás de una chiquilinada enorme super voluntariosa, alegre y dispuesta a poner su granito de arena para mejorar este mundo hay cosas que no me gustan. Un cheto para mi país construye casas transitorias, son un parchecito (y son conscientes de ello) para tapar el ojo de la realidad que vivimos en cuanto al déficit habitacional (bahh, viviendas hay, no están disponibles).

Es el claro ejemplo de la beneficencia liberal… Lo demuestran sus pancartas cuando juntan fondos: "la pobreza está en tu cabeza" 



10. Damian Mezzetta (21), estudiante de periodismo

Se prefiere la masividad a la efectividad: quizás así logren llegar a tener una repercusión que de réditos (empresas) para pasar de las “soluciones temporales” (casa de madera que sustituye la chapa, sin baños) a las “soluciones definitivas”. ¿Es eso, no? ¿Es ético? ¿Cómo se ven estas “casas” después de 3 años? Alguna vez no coordinaron con las autoridades, y eso  atenta contra los posibles planes. ¿Qué “posibles planes”? Compromiso juvenil efímero (aunque hay colaboradores fijos), no creen en las grandes cosmovisiones; pesimismo fatal que lleva a la inacción o a la adhesión parcial, concreta. Mientras acepten que no cambiaron la realidad habitacional del país, más bien es como quien un día le da un bizcocho a quien siempre tiene hambre; Mientras no confundan el alboroto publicitario con sus “pequeñas nueces” merecen mi respeto por su buena fe.