Tu querida presencia










El Che-marca trabajaría en alguna novela, curtiendo barba y metralleta en horario central, apretándose cada noche a Marcela Kloosterboer y disuptándosela a Olsvaldo Laport; no hay duda: sería vegetariano y recomendaría la respiración del Ravi Shankar.

El Che-Mass Media sería una especie de Back street boy, millonario pero con inclinaciones por el medio ambiente; un tipo dedicado a toda clase de minucias intelectuales y artísticas, pero que cada tanto le daría un baño a un pingüino empetrolado o levantaría una casa junto a una ONG en un barrio pobre.  

El Che-Hollywood colaboraría con la Teletón y adoptaría a un nigeriano; lo haría sonriente, de aspecto rudo pero blando de convicciones.

El Che-Pop sería un decidor incorregible de frases románticas sin contexto; no sabría nada de clases sociales, ni del capital ni de imperios: hablaría todo el tiempo de ternura y firmeza, y siempre se estaría despidiendo hasta una victoria que nunca se explicaría bien en qué consiste. Es decir: una especie de Narosky del humanismo más sensiblero, con el único fin de andar levantándose mujeres.

Porque reproducen al Che para callarlo, lo multiplican para ocultarlo y lo reviven para matarlo. Es en el mercado un producto más, mas corren el riesgo de que algún día les salga fallado.