Leé esta nota o te elimino










Anuncios públicos que dan cuenta de que se está haciendo una “limpieza de contactos”, se encuentran con cierta frecuencia en el mundo virtual. Algunas veces simplemente informan sobre una limpieza ya consumada o por venir, pero otras se profundiza en las razones de las eliminaciones, sugiriéndose por lo general una serie de pautas de conducta (más participación, menos comentarios de tal tipo, por ejemplo) que deben seguir los sobrevivientes si es que no desean ser eliminados. 
En los casos más extremos, se dan a conocer los nombres de aquellos que cayeron o caerán en desgracia. 
Algunos de los sobrevivientes de las purgas virtuales, sobre todo si sospechan que se han salvado por poco, caen en el triste espectáculo de inclinarse ante el eliminador y agradecerle que les haya perdonado la vida, ya mediante un chiste o una interacción muy forzada, ya mediante un agradecimiento un tanto explícito: "Gracias por no haberme eliminado".
Claro que "eliminar" a alguien en una red social no implica necesariamente caer en un acto tiránico y despiadado; es más, parece muchas veces inevitable. Pero anunciar las limpiezas, propagandearlas y sugerir pautas de conducta para que los demás tomen nota si no quieren "dejar de existir" como amigos virtuales, se parece mucho más a una actitud fascista que a un gesto simpático propio de un espacio para el esparcimiento en el cual nos hacemos de amigos y seguidores.  
El juego entre eliminadores amenazantes y eliminados (reales o potenciales), constituye un acto de inspiración stalinista: la capacidad de eliminar y de hacer públicas las eliminaciones, genera una frenética sensación de poder; el miedo a ser eliminado se traduce en una conducta pasiva y conformista, cuando no absolutamente servil.
Eso sí, las redes sociales, y Facebook en particular, tienen algo maravilloso: uno puede ser eliminado por otros, pero seguir siendo lo que -por suerte- es.