¿Constanza 2014? (II)






En la nota anterior concluimos que las candidaturas múltiples permitirían no solamente la expresión político-electoral de las voces discordantes, sino que fortalecería a la izquierda, en tanto quien resultara triunfador en la interna sería el representante de una unidad más real que aquella a la que se pretende llegar con la candidatura “natural y única”. Y es en este contexto que aparece el nombre de la senadora Constanza Moreira como posible pre-candidata.



¿Por qué Constanza Moreira?

No se trata de un antojo personal o grupal, no es una movida organizada, no nace de ninguna estructura, ni es tampoco una casualidad: Moreira se ha convertido en una de las pocas figuras del Frente Amplio que, durante la administración actual, se ha animado a discrepar con algunas políticas oficiales, a la vez que ha salido al cruce de Vázquez en un par de ocasiones. Y aquí debemos detenernos en algo que es necesario entender antes de continuar con nuestro análisis: la oposición frentista a Vázquez tiene muchos componentes puramente ideológicos, de manera que el rechazo a la candidatura “natural y única” no puede resolverse con candidaturas alternativas que, en términos ideológicos, no se despeguen de la línea de Vázquez (que es, está claro, la de Astori). Para ser más preciso: no es una simple cuestión de caras; no alcanza con presentar a otro pre-candidato, sino que es necesario que el mismo represente una alternativa ideológica y política a Vázquez.
Así, el círculo se cierra en unos pocos dirigentes frentistas, no porque sean pocos los que se oponen a los grandes lineamientos de Vázquez, sino porque son pocos los que lo asumen abiertamente, confrontan en el terreno de las ideas y hacen explícita la necesidad de una candidatura alternativa, a la vez que son observados por buena parte de los frentistas como posibles pre-candidatos. Y Moreira, con su nuevo relato al interior del FA, constructivo a la vez que crítico, aparece en el centro de ese espacio cuya existencia ella misma reclama. En definitiva, generó un discurso que ninguna otra figura parece estar dispuesta a representar política y electoralmente, por lo que todas las miradas y expectativas recaen sobre ella.

Por lo antes dicho, el nombre de Moreira surge y crece sin demasiado esfuerzo imaginativo, aun cuando ningún sector del FA la impulsa, aun cuando ninguna encuesta la tiene en cuenta: parece el resultado inevitable de una ecuación, lo que no nos puede llevar a decir que su pre-candidatura sea también “natural”. Por el contrario, aquí no hay nada natural: Constanza ha venido construyendo un nuevo discurso de izquierda, al cual le habría llegado la hora de expresarse electoralmente.



¿Cuáles son las debilidades y fortalezas de la posible pre-candidatura de Constanza?

El modo en que la pre-candidatura de Moreira puede llegar a concretarse, será considerado más adelante. Lo que a continuación haremos será una modesta aproximación a sus ventajas y desventajas como figura política, pre-candidata y candidata.

Las cuatro características destacadas de Moreira, cada una de las cuales presenta sus pros y sus contras, son: a) política/outsider; b) intelectual; c) de izquierda; d) mujer.

a) Aun desempeñándose como Senadora de la República, Constanza se aproxima más a un outsider que a un político tradicional. Es decir, parece más por fuera que por dentro del sistema político uruguayo, tanto por su discurso, en el que se refiere a la política nacional y al FA en tercera persona (le pesa el hecho de ser Doctora en Ciencia Política), como por no ser reconocida aún por buena parte de la población. Ello la favorece en tanto su figura puede sintetizar lo nuevo, la esperanza y el cambio en el cambio. No hay duda de que, en caso de presentarse como pre-candidata, sería la gran novedad de las elecciones, diferenciada de candidatos ya tradicionales, como Larrañaga y Vázquez, así como de Lacalle Pou y Pedro Bordaberry, figuras relativamente nuevas pero hijas directas de la vieja política. En un Uruguay sin una gran renovación dirigencial, personas como Constanza Moreira oxigenarían al sistema político, algo que buena parte de la población recibiría con entusiasmo, y que especialmente le urge a una izquierda dramáticamente estancada en sus liderazgos (un dato, a modo de ejemplo: el año próximo se cumplirán veinte años de la primera vez que Vázquez se candidateó a la presidencia).
Sin embargo, su carácter de política-outsider presenta desventajas. En primer lugar, y como ya dijimos, es poco conocida a nivel nacional. Cierto que el FA tiene la capacidad como para, en pocos meses, darle a Moreira visibilidad en todo el país; que éste, si se sabe explotar, puede ser también un elemento positivo (por ejemplo, no se la podría criticar por lo que políticamente hizo ayer, sino por lo que, se supone, hará); y que un buen porcentaje de los uruguayos vota a partidos antes que a personas. Pero no podemos desconocer que la campaña sobre la figura de Moreira debería ser tan intensa como cuidadosamente estudiada.
En segundo lugar, así como existe esa necesidad social de algo nuevo, admitamos que buena parte de la sociedad es conservadora, no simpatiza por las figuras políticas nacientes y nunca votaría a alguien “sin experiencia”. Esto último es fácilmente asociable a la condición de intelectual de Constanza.

b) Moreira proviene del mundo académico y nunca tuvo cargo ejecutivos, ni se le conoce una gran militancia orgánica en el FA. Podremos decir que no es una intelectual apática y distante, sino comprometida, ligada a un proyecto político concreto. Pero eso no frenaría una crítica inevitable: hasta hoy, parece más una persona del mundo de las ideas que del de la acción, más una intelectual que una política. Asumiendo que la distinción entre ideas y acción nunca es sencilla, volvemos, entonces, a que lo que más le resta es lo que más le puede sumar: está y no está en la política, es y no es parte de la dirigencia política uruguaya, es y no es una política. Que no haya sido parte de las maquinarias políticas tradicionales del Uruguay le implicaría, para algunos, falta de capacidad para negociar desde el gobierno, a la vez que, para otros, sacudiría las viejas formas de relacionamiento y negociación (Estado-empresarios-sindicatos, etc.), permitiendo quizá destrabar discusiones y políticas nodales, como las referidas al sistema educativo.

c) Sus posiciones sobre diversos temas (economía, seguridad interna, Fuerzas Armadas, relaciones internacionales, derechos sociales, entre otros) la colocan en la izquierda del FA. Otra vez, ésta sería una ventaja al momento de encarar la lucha interna, en tanto le permitiría canalizar los votos de la izquierda reacia al dúo Vázquez-Astori. Sin embargo, en las elecciones nacionales podría generar rechazos y temores en el electorado de centro, y hasta en la izquierda más moderada. Ahora, esto último merece ser matizado: primero, porque el Frente es amplio, y siempre deberá existir un cierto equilibro entre sus diversas corrientes, de modo que es impensable un gobierno del FA sin la menor incidencia de su ala moderada; en segundo lugar, porque, si bien Moreira se identifica con la izquierda de la izquierda, no es directamente asociable, tanto por una cuestión generacional como por su condición de intelectual moderna, a los errores de la izquierda del siglo XX. Aquí podríamos ingresar en un tema muy complejo, que nos conformaremos con esbozar: dado el estancamiento intelectual y programático del sistema político uruguayo, una pre-candidatura como la de Moreira, capaz de poner temas nuevos sobre la mesa (la real necesidad de unas Fuerzas Armadas en Uruguay, por ejemplo), ¿cómo sería recibida por la población? ¿Enamoraría? ¿Causaría rechazo? Por lo pronto, podemos decir que sería movilizadora. Desde luego, quienes apuestan a conservar todo lo establecido y a administrar lo hecho, no tendrán en Constanza a su candidata ideal. Pero a quienes quieran abrir nuevas discusiones reales y de fondo, Moreira les resultará una candidata atractiva.

d) Por último, y éste es un dato fundamental, Moreira es mujer. Desde luego, el género no es garantía de nada, y sospecho que la mayor parte de los uruguayos no votaría a Constanza sólo porque es mujer. Sin embargo, se trata de un dato fuerte, de gran peso simbólico: así como no fue un hecho nada menor tener dos presidentes consecutivos no abogados, tampoco lo sería que una mujer liderara el Ejecutivo, en un país en el que las mujeres siguen marginadas de los lugares de importancia, y en el que especialmente la alta política parece un asunto exclusivo de hombres. Otra vez, esta característica de Moreira presenta su punto débil: muchos dirán, aunque apoyen su pre-candidatura, que Uruguay no está preparado para una mujer presidente; otros, directamente, apelarán al machismo más rancio y mezquino. Se trata de una batalla cultural que, llegado el caso, la izquierda debería dar pero en la cual, me animo a sospechar, Moreira tiene todo para ganar.


Como hemos visto, la pre-candidatura de Moreira sacudiría al sistema político nacional, nos haría discutir sobre el lugar de los intelectuales y las mujeres en la sociedad y, fundamentalmente, pondría de manifiesto la vigencia de los planteos históricos de la izquierda, adaptados a los nuevos tiempos.
En cada una de las características destacadas de la figura política de Constanza Moreira, hay elementos que, en caso de ser bien explotados, podrían potenciar su candidatura y hacerla, por distintas cuestiones, atractiva no solamente para la izquierda del Frente Amplio. Podríamos estar ante una figura política de nuevo tipo, hija de un Uruguay socialmente distinto, de un continente renovado y de un mundo que se repiensa. 

Para finalizar, no podemos negar que la figura de Constanza Moreira implicaría ciertos riesgos políticos para el FA (hacia adentro y hacia afuera), los riesgos propios de toda novedad, pero debemos tener en cuenta que justamente surge como oposición a unas certezas no del todo deseables.

En la próxima nota, veremos cómo puede Constanza llegar a convertirse en pre-candidata a la presidencia por el FA.