“El País”, los intereses de unos pocos y la cultura de todos











No es difícil vincular a “El País” con los sectores concentrados de la economía ni con los partidos tradicionales (especialmente con el PN). Algunos irán más lejos y dirán que fue cómplice del Terrorismo de Estado (1973-1985). Lo que no se presta para grandes discusiones es que se trata de un medio ideológicamente de derecha. Desde ya es necesario aclarar: ni todos los que trabajan en “El País” militan para la derecha (mucho menos simpatizan con la dictadura) ni todos los artistas y comunicadores que acuden a la fiesta de los Premios Iris tienen por qué adherir al discurso político e ideológico del diario.

El punto es que “El País” monta un escenario al cual la cultura y la comunicación nacionales son primero invitadas y luego premiadas (aunque, como dicen muchos, ya la nominación es un premio). Y esto implica dos cosas: primero, un reconocimiento de “El País” a los artistas y comunicadores uruguayos (en otro momento podríamos revisar el uso y sentido de la palabra “comunicador”); y, en segundo lugar, y esto es lo más interesante, que éstos reconocen al diario como un medio que goza de suficiente legitimidad como para erigirse en juez de la comunicación y la cultura nacionales.

No me parece mal que, en un país pequeño, los artistas y comunicadores aprovechen cada espacio para mostrarse, encontrarse con sus colegas y ser reconocidos por su trabajo. Pero resulta un dato contundente el hecho de que quienes todos los días del año construyen, en buena medida, los pensamientos y sensibilidades de la sociedad se suban a un escenario y agradezcan públicamente a “El País”, un actor político que representa intereses particulares, y que consigue así la legitimidad de y para todos los medios de comunicación.  

Lo cuestionable, y lo que nos debe llamar a la reflexión, es la naturalización de “El País” como juez de las producciones culturales nacionales, una construcción sumamente pensada, estudiada y trabajada.

Para entender mejor esto imaginaremos algo muy grosero: que los canales 4, 10 y 12 transmiten durante cuatro horas la entrega de los Premios Lenin al talento y el compromiso de los comunicadores uruguayos, organizada por “El Popular”, órgano de prensa del PCU. Dejando de lado que, en tal caso, lo de la alfombra roja tendría sentido, así como que resulta simpático imaginar a Nacho Álvarez agradeciéndole “a los camaradas de ‘El Popular’”, lo importante es que todos descartamos absolutamente tal posibilidad.

Sin embargo, naturalizamos que buena parte de los artistas y comunicadores participen de una fiesta organizada por “El País”, medio no menos politizado que “El Popular”,  y le agradezcan reiteradamente al diario, todo transmitido en cadena durante cuatro horas (olvidamos, además, que la televisión debería un servicio público y no un salón de fiestas empresariales).

Como ya han dicho algunos pensadores importantes, las grandes producciones culturales de una sociedad suelen estar al servicio de los intereses económicos dominantes, reproduciendo sus ideas y valores. Y si bien sería disparatado decir que los nominados a los Iris son todos favorables al poder económico y al statu quo, que “El País” reúna, juzgue y premie a los grandes formadores de opinión implica, como mínimo, que el diario representante de los intereses de unos pocos es aceptado como juez de la cultura de todos.