43 años del FA… ¿Ya no hay locos?







El Frente Amplio surgió en 1971 como una múltiple locura, entendiendo por tal el desafío a lo posible, lo establecido y lo “normal”: unió a comunistas, socialistas, trotskistas, democristianos y distintas corrientes de izquierda que, en el mundo, rara vez se dan la mano; nació en medio del autoritarismo del Estado y de una aguda crisis social y política; y, en el contexto antes descrito, proponía el fin de la represión estatal y la participación popular, con el objetivo de un país independiente económicamente y con justicia social.

Durante la dictadura, la militancia frenteamplista incorporó un nuevo desafío: resistir al régimen de facto y trabajar por una salida democrática; en esta empresa, también exigente e impredecible, muchos perdieron mucho, incluso la vida.

En 1985, los militares entregaron una democracia tutelada y empobrecida. En tal escenario, sacudir las estructuras económicas, para alcanzar la justicia social anhelada, seguía siendo tan o más loco que en 1971. Pero algunas hazañas ayudaron al frenteamplismo a tomar impulso y a seguir tras los objetivos trazados: en 1990, el Dr. Tabaré Vázquez, un militante frentista poco conocido, asumía como intendente de Montevideo.

La caída del Muro de Berlín y el derrumbe del mundo soviético (1989-1991), trajeron consigo el totalitarismo del mercado, doctrina que recorrió el mundo entero y que afectó especialmente a Sudamérica. Pero el FA se enfrentó a la ortodoxia y lideró las campañas nacionales que frenaron al neoliberalismo en Uruguay, abortando las ideas privatizadoras de los gobiernos de Luis Alberto Lacalle primero, y de Jorge Batlle después.

En las elecciones de 2004, el Frente Amplio alcanzó el gobierno nacional tras obtener más del 50% de los votos: tan sólo una década atrás, esto hubiese sido considerado una locura. También conquistó, en 2005 y 2010, varios gobiernos departamentales que habían funcionado como verdaderos feudos de la derecha.

Para las elecciones de 2009, el Frente Amplio transgredió al presentar en la interna un pre-candidato nada convencional: José “Pepe” Mujica fue acusado por compañeros y adversarios políticos de decir estupideces, de ser demagogo, impresentable y hasta sucio. Sin embargo, venció en la interna y luego en las elecciones nacionales, convirtiéndose en un presidente sin títulos ni almidón, pero reconocido internacionalmente por su personalidad y por impulsar algunas leyes de vanguardia. En 1985, o hasta en 2004, si alguien hubiese dicho que Mujica iba a ser presidente de todos los uruguayos, los demás lo hubiesen tomado por loco.

Como hemos visto, por forma y contenidos el Frente Amplio se ha caracterizado por correr los límites de lo posible, por imaginar lo que falta, por proponer lo que nadie propone, por asumir riesgos.

Hoy, cuando se conmemora el 43º aniversario de la fundación del FA, podríamos preguntarnos con qué nueva locura el frenteamplismo espera entusiasmar a sus militantes y conquistar a la ciudadanía. Luego de dos períodos de gobierno, ganar otra elección nacional no parece ser un desafío que enamore, por más que para el FA sea importante retener la dirección del Estado. Sucede que sin imposibles, no hay izquierda.