Por qué voto a Constanza










Pese a defecciones, desaciertos y olvidos, no me arrepiento de haber votado lo que voté en 2004 y en 2009: los gobiernos frenteamplistas han sido los mejores en décadas (quizá los mejores desde el primer batllismo).

Desde 2005, disminuyeron la pobreza y la indigencia, mientras el desempleo se encuentra en mínimos históricos; miles de uruguayos recuperaron la vista en el Hospital de Ojos; el Plan Ceibal, como proyecto inclusivo, merece destacarse; las empleadas domésticas y los peones rurales obtuvieron derechos específicos que hacen valer, y el retorno de los Consejos de Salarios ha implicado un beneficio enorme para los trabajadores; se aprobaron el matrimonio igualitario, la despenalización del aborto y la legalización de la marihuana; el canal y las radios públicos han sido dignificados; se sancionó la Ley de Responsabilidad Penal Empresarial; la Reforma de la Salud implicó, para amplios sectores, un progreso en la calidad de la atención médica; y hubo gestos de solidaridad para con los gobiernos populares lationamericanos.

Esto es sólo una parte de lo que, desde mi visión del mundo, son aciertos y logros.

Pero también hay deudas y errores: siento que no hemos avanzado lo suficiente en lo referido a la Memoria, la Verdad y la Justicia; lamento la extranjerización de la tierra, los monocultivos peligrosos y la falta de una buena discusión pública (promovida con seriedad desde el Estado) sobre los megaemprendimientos; me gustaría que la clase media pagara menos impuestos, pero no porque “con esa plata mantienen a los vagos”, como se repite desde el peor sentido común, sino porque los grandes capitalistas pagan poco y nada; los alquileres están por las nubes y 800.000 uruguayos cobran menos de $14.000 al mes; la educación, especialmente secundaria, pasa por un mal momento, y en vez de igualar, reproduce desigualdades; nuestras cárceles y algunos de los hogares para menores infractores son inhumanos, una aberración moral; considero equivocada la adjudicación (sin licitación) de las señales de televisión digital a los canales 4, 10 y 12; lo de Pluna y la extraña relación con Paco Casal son cosas indefendibles…

Pero si tuviese que señalar un error, una diferencia fundamental, diría que lo que más le cuestiono al Frente es no haberse enfrentado a ninguno de los grandes poderes del país, no alterar las estructuras de poder ni evidenciarlas, y, sobre todo, no empezar a despertar en la sociedad algo parecido a una nueva cultura, una nueva forma de ser y pensar. Los espacios donde se dan las grandes batallas por la construcción de sentido común, han sido olvidados, relegados o mal abordados por la izquierda: la educación, los medios de comunicación y la militancia política.

Porque sin cambiar las estructuras de poder, sin siquiera desnudarlas frente a la ciudadanía, y sin un cambio en la cabeza de la gente, todo o casi todo lo bueno que haga un gobierno, dependerá siempre de una elección, y en democracia ningún partido se eterniza en la dirección del Estado. Por eso, gobernar es hacer cosas que perduren mientras no se está gobernando. Y esa es la razón por la cual rechazo el electoralismo desmedido, hijo de la idea de una acumulación eterna de gobiernos y progresos, como si se pudiera no avanzar demasiado en un período y tolerarlo todo, a la espera de un giro radical en el siguiente; a veces pareciera que el éxito de la fuerza política sólo se midiera en triunfos electorales, y no en calidad (profundidad y arraigo) de los cambios producidos mientras se gobierna.

No quiero que el Frente Amplio sea sólo un aparato burocrático-electoral. Me disgusta ver a los sectores peleando como tribus, siendo parte de públicas y tristes luchas en las que ―y esto es lo verdaderamente grave― rara vez asoma la ideología.

Ahora bien, tampoco soy un purista, porque no todo es igual: blancos y colorados serían incapaces de repetir las virtudes del frenteamplismo en el gobierno, así como de superar sus defectos.

Por eso voy a votar al Frente Amplio, y voy a votar a Constanza Moreira, que es la manera que encontré de decir: "estoy, pero con muchos reparos" o "tengo muchos reparos, pero estoy"; que es un freno a los antojos de una sola persona; que es de otra generación, que es mujer, que es intelectual, y que, por lo tanto, aporta otras miradas al debate frenteamplista; que sabe mucho sobre educación, una cuestión clave; que tiene el coraje de cuestionar el rol y presupuesto de nuestras Fuerzas Armadas, tema que algún día todos los uruguayos tendremos que discutir; que desconfía de las relaciones carnales con Estados Unidos; que piensa que la mujer que aborta no debe ser tratada como una delincuente; que habla como nadie de la necesidad de un sistema nacional de cuidados, idea verdaderamente revolucionaria; que ha hecho una campaña a pulmón, y que, pese a todas sus dudas y desaciertos, no hace más que acumular (electoral e ideológicamente) para el Frente Amplio, aunque muchos no lo puedan terminar de entender…




Probablemente el próximo domingo mi candidata pierda. Pero eso no me preocupa: voy a tener la tranquilidad de haber votado a quien más se me parece.