El Planeta de los Humanos y la Guerra de los Simios








La película El Planeta de los Simios: Confrontación es una obra atemporal y a la vez bien actual. Atemporal porque, como si se tratase de un perfecto manual de teoría política, aborda una multiplicidad de temas tan antiguos como trascendentes: la guerra, el poder, el derecho, el liderazgo, la naturaleza humana; y actual por su crítica a la tan vigente teoría de la guerra preventiva. Aquí, la ficción cede ante la ciencia.

El argumento de esta versión de El Planeta de los Simios es el siguiente: debido a la expansión de un virus, millones de personas han muerto en todo el mundo. En San Francisco (Estados Unidos) sobrevive un grupo de humanos liderado por un sujeto llamado Dreyfus. Al otro lado del puente, en tanto, cientos de simios genéticamente manipulados viven en una comunidad organizada e igualitarista, dirigida por César. Cuando las civilizaciones se encuentran, surgen miedos y conflictos al interior de cada bando. Finalmente, la guerra estalla.

En términos generales, la película plantea una visión pesimista de la naturaleza humana: los simios, ya liberados de la esclavitud del hombre, no pueden impedir que en su seno surjan y se desarrollen una serie de vicios que se resumen en Koba, el simio que habrá de disputarle el poder a César. De la revolución simiesca, legítima y noble, nace un tirano sanguinario, que argumentando la defensa de los suyos, los oprime, somete y hasta encarcela. Por tanto, el pesimismo es doble: no sólo existen poderes oscuros y condenables, sino que quienes se organicen para sobrevivir y enfrentarlos verán nacer en su interior rasgos de aquello que temen u odian. Como se sabe, esta idea ya ha sido desarrollada con maestría por Orwell en Rebelión en la Granja, texto de lectura obligada si lo que se quiere es pensar el poder y la izquierda.

Ahora bien, la desesperanza se encuentra matizada por el hecho de que, en ambas civilizaciones, existen quienes pregonan la paz y el entendimiento. Malcom, entre los seres humanos, y César, entre los simios, apuestan a la confianza y defienden el diálogo en contraposición al conflicto, enfrentando ambos las posturas extremistas al interior de sus colectivos. Así, el pesimismo se torna más relativo: la confrontación, finalmente, no es entre bandos (aunque lo sea), sino entre los criminales de uno y otro lado; el mal tiene lugar en todas las naciones, pero también el bien. La guerra tiene pocos culpables y muchos inocentes.

No obstante, existe el riesgo de que la igualación de todas las partes nos deje en las puertas de la teoría de los dos demonios, rechazable porque, entre otras cosas, no es lo mismo una nación que se defiende que una que ataca.

Pero, a su vez, el crimen es siempre condenable y justificar un horror, por los motivos que fuere, implica avalar todos los que vendrán; lo que, finalmente, es una justificación de la guerra en su totalidad.

En El Planeta de los Simios: Confrontación, la guerra es el resultado de una sumatoria de mentiras, rencores y traiciones: mientras el espectador observa el violento enfrentamiento entre simios y humanos, no logra descifrar cuál fue su verdadero desencadenante. La tragedia reside en el hecho de que ambas partes, apelando a la verdad o a la mentira, recurriendo al presente más cercano o al pasado más remoto, encuentran alguna justificación para sus abusos.

Hábilmente, la película se detiene en una de las justificaciones más habituales y vigentes, que es la de la guerra preventiva: Koba es quien la promueve, tras provocar ―qué perfecta ironía― dos auto-atentados contra la comunidad de los simios, de los cuales responsabiliza a los humanos.

La teoría  de la guerra preventiva conoce varios autores y ejecutores, pero Estados Unidos la ha empleado especialmente desde la caída de las Torres Gemelas en 2001, permitiéndole invadir países y masacrar a sus poblaciones, a la vez que le ha servido de excusa para vigilar y controlar a sus propios ciudadanos. Esta cruzada contra el terrorismo parte de un hecho concreto como los atentados del 11-S, pero su supuesto objetivo no es castigar a los culpables, sino prevenir futuros ataques. Así, todo asesinato se lleva a cabo para evitar posibles asesinatos; se bombardea para evitar bombardeos. 

El Planeta de los Simios: Confrontación es, por todo lo dicho, una reflexión sobre el poder, una crítica matizada a la condición humana y, por sobre todas las cosas, un grito de condena a ese horror que es la guerra: ya no como inhumana, sino como humana por excelencia.

Como suele suceder, la guerra llega a su fin sin que, con claridad, podamos distinguir a vencedores de vencidos: han muerto tantos simios y tantos humanos, que a los ojos de cualquiera nadie ganó. Todo fue inútil.