La Biografía Prohibida de Pablo Mieres









Abogado y sociólogo, esposo y padre de tres hijos, amante del solitario y de la cumbia villera, Pablo Mieres nació en Montevideo en 1959 y es por tercera vez consecutiva candidato a la presidencia por el Partido Independiente (PI).

Como todos sabemos, la vida política de Mieres no ha sido fácil, pero más difícil fue su vida en general, plagada de miedos y escollos que vas a conocer en esta Biografía Prohibida.



PABLO MIERES

Quienes creen que lo peor que le pudo pasar a Mieres es haber incursionado en política, se equivocan. Ya desde niño, la vida se le ha hecho cuesta arriba.

A los dos años le diagnosticaron calvicitis aguda, no habiendo podido disfrutar jamás de una cabellera completa y digna. "Fue terrible. Pablo sufrió mucho tratando de disimular su pelada", nos cuenta su tía Mirtha mientras nos enseña una foto en la que un Mieres adolescente camina por la rambla con un sombrero mexicano.

A ello se le sumó un dificultoso relacionamiento con sus pares, problema que comenzó a advertir en segundo de escuela, cuando en una elección para definir al encargado de la venta de los bizcochos durante los recreos, obtuvo el 1,38% de los votos.

Con creciente angustia, Mieres fue notando que sus acciones y opiniones no cosechaban ningún tipo de adhesión. "Si Pablo proponía ir a jugar a la escondida, todos preferían la mancha; si todos jugaban al fútbol, Pablo se quedaba haciendo otra cosa", recuerda Mirtha mientras nos muestra una foto del pequeño Mieres tejiendo una bufanda en un parque, a cuyas espaldas un grupo de niños corre tras una pelota.

Ahora bien, lo que más afectó a Mieres, y especialmente a partir de la adolescencia, fue su ambigüedad e indecisión.

Antes de salir de su casa, pasaba horas frente al espejo eligiendo qué ropa se iba a poner: "muy informal", "demasiado formal" y "parezco un puto con esto", son cosas que solía gritar mientras se probaba decenas de prendas en sus ataques de duda y frustración. 

Este problema perjudicó su vínculo con las mujeres: "no sos vos, soy yo" era lo que decía cada vez que, por motivos incomprensibles, decidía ponerle fin a una relación que ni siquiera había empezado. Y ante cada propuesta de una muchacha, solía responder "no, pero sí"; o, en el mejor de los casos, "sí, pero no". 
Ellas, finalmente, se aburrían y lo dejaban solo.

"Era muy inseguro. Siempre que se iba a encamar con alguna, pasaban varios encuentros antes de que pudiesen concretar. ¡Nunca la ponía en primera vuelta!", comenta Mirtha mientras ríe con malicia.

Ya de grande, Mieres comenzó a estudiar sociología para tratar de comprender por qué la sociedad y él no se entendían. "Como los que estudian no se relacionan con gente común, le fue bien", afirma Mirtha tras apagar su cigarrillo. Fue estudiando que conoció a quien hoy es su esposa: ella le sacaba las fotocopias, lo ayudaba a cruzar las calles y lo defendía de las burlas de sus compañeros de Facultad. Luego de diecisiete encuentros a solas, Mieres le tomó la mano y nunca más volvieron a separarse.

Mientras estudiaba, Pablo se abocó a diferentes emprendimientos económicos para tratar de solventarse, los cuales resultaron todos fallidos. Entre tantas otras cosas, fue tachero: nunca sabía hacia dónde iba, daba varias vueltas a la misma manzana y era muy malo sacando temas de conversación con el pasajero. "Lindo día", decía una tarde de temporal, o "es una locura el tránsito", comentaba un domingo a la siete de la mañana.

Luego ensayó negocios de nivel internacional: cuando perdió todo su dinero en la exportación de tablas de surf a Bolivia, comenzó a sospechar de su socio y rompió la sociedad.

Deseoso de un negocio que le implicase poco contacto con el público, Mieres dudó entre abrir una mercería o fundar su propio partido político.

Y así fue que surgió el Partido Independiente, el cual viene creciendo de a un 1% por elección. Por lo que, según expertos, dentro de 48 elecciones Mieres podría ganar en primera vuelta y con mayoría parlamentaria (haciendo luego renunciar a casi todos sus parlamentarios, porque ―él asegura― las mayorías no son buenas).


"Lo importante es que Pablo es feliz. Sabe que nunca va a ser presidente, pero su esposa y sus hijos lo hacen sentirse querido", comenta Mirtha mientras nos cierra la puerta en la cara.


Pelado en votos e independiente del qué dirán, así es y vive Pablo Mieres.