¿Así está el mundo?











Nadie está verdaderamente informado sobre todo lo que ocurre. En verdad, nadie podría estarlo aun cuando quisiese, porque en términos informativos el mundo sí nos es ancho y mayormente ajeno.

Ante esta realidad, tenemos la posibilidad de aceptar la ilusión que a diario reviven los medios de comunicación, según la cual uno puede fácilmente estar al tanto de todo, de todo “lo que hay que saber”.

“Lo que hay que saber” es, obviamente, una construcción arbitraria, tanto porque es el resultado de numerosos recortes, como porque el recorte en sí y el tratamiento de lo seleccionado se ven impregnados de opinión, ideología e intereses de todo tipo. Dejando de lado esto último, me detengo en la ilusión de la información rápida y fácil, considerando el caso de los informativos de televisión, tanto por su éxito descomunal como porque nadie sabe vender mejor este espejismo.

Los informativos ocupan un lugar central en la programación de los canales, y en una televisión uruguaya algo escasa de contenidos propios, han devenido el gran show de la producción nacional. A su vez, la sociedad los sigue a diario de un modo casi religioso.

Luego de una jornada de trabajo, de estudio o de simple ocio, nos detenemos a mirar las noticias que el informativo nos tiene preparadas. Lo hacemos como una parte más de la rutina, algo tan natural como lavarnos los dientes, almorzar o dormir: pareciera existir un mandato social que nos impone estar al tanto de “lo que hay que saber”, acaso para sentirnos más cívicos y responsables, o simplemente para tener de qué hablar.

Ahora bien, como lo que hay que saber es mucho, complejo y hasta puede aburrir, la información se nos ofrece como un producto sencillo, rico y breve, como un alfajor o un paquete de papitas, y recibe el nombre de “noticia”. Este producto se encuentra al alcance de todos los ciudadanos, vueltos entonces consumidores, los que no tenemos más que prender la televisión y dejarnos llevar.

Pensemos que un hecho social o que la realidad de un país cualquiera son una extensa, intrincada y hasta tediosa película. Pues bien, la noticia vendría a ser una fotografía, una muestra de extrema inmediatez, un segundo histórico. Lo cual no implica que ofrecer o mirar una foto sea en sí algo reprobable; significa que si desconocemos la película podemos no entender la fotografía, emitir juicios errados y, finalmente, incurrir en la ignorancia.

Aclaro desde ya que no ataco al informativo como formato televisivo, un show que en sus formas y contenidos no ha dejado de enriquecerse. Además, porque la noticia como producto no le es algo exclusivo, y porque como simple fotografía de una película compleja, es casi necesaria.

El punto es que las noticias en sí no son más que cáscaras, recayendo sobre el ciudadano la responsabilidad de llenarlas de contenido cada vez que sienta la necesidad de hacerlo. Y si no le interesa profundizar en ningún tema, está en todo su derecho. Ahora, deberá ser consciente de que, sin profundización, sin análisis ni contexto, la noticia es apenas, y con suerte, un dato.

Porque al término del informativo (o, si prefieren, al cerrar el diario) solo podemos estar seguros de una cosa: nos encontramos ligeramente al tanto de algunos pocos de los cientos de hechos destacados que, en las últimas horas, tuvieron lugar en el mundo y en nuestro país; los cuales, a su vez, nos han sido narrados desde una visión particular.

Por lo antes dicho es que parecía demasiado pretenciosa la frase que durante años repitió un conocido periodista al cerrar cada emisión del informativo: así está el mundo. Como si la realidad local y global fuesen reducibles a una hora de datos, a una tapa o a una columna. No. Hay gentes que se pasan la vida aprendiendo y teorizando, y que nunca llegan a saber cómo está el mundo en verdad. 

"Así está el informativo, amigos" hubiese sido más justo.