Mujica y la corrección política









Las recientes declaraciones explosivas de Mujica plantean algunos interrogantes en torno a la idea de incorrección política, que podrían resumirse en la siguiente pregunta: ¿hasta dónde uno debe decir toda su verdad?

Asumiendo que el expresidente no miente, tanto porque cuenta historias que realmente acontecieron como porque dice lo que piensa, me propongo cambiar el eje de la discusión: en vez de cuánta verdad necesitamos, preguntarnos qué hacemos con la verdad, o verdad para qué

Si Mujica quiere cuestionar el personalismo de Vázquez (algo difícilmente discutible), o se siente alarmado por el clasismo de Astori, debería ser capaz de plantearlo en términos políticos e ideológicos. Porque tuvo y tiene herramientas para hacer de esas verdades hechos realmente políticos, y no sólo episodios mediáticos.

¿Cuán amplio es el Frente Amplio? ¿La izquierda puede tener dirigentes ricos, egoístas o corruptos? ¿Y puede un presidente elegido desde y por la fuerza política incumplir el programa de gobierno? ¿Hasta qué punto existe un divorcio entre las bases frentistas y sus dirigentes?

Estas cuestiones, planteadas en la orgánica por un líder del peso de Mujica, revolucionarían la interna del frenteamplismo y obligarían a repensar la izquierda. Lo que, hoy día, sería un verdadero gesto de incorrección política. 

Porque lo otro es tan solo un ejercicio catártico. Algo esperable de una columna de opinión, pero menos admisible en quien dirigió el Estado durante cinco años y es uno de los hombres más influyentes del país.

Buena parte de las verdades de Mujica no tienen un fin superador de lo que está mal; y no sólo carecen de relevancia política, sino que ni siquiera contribuyen a ningún tipo de debate. Son apenas un gusto personal y, a esta altura, algo políticamente correcto. 

La incorrección política de "Pepe" ha quedado reducida a contar dónde mea Astori, mientras que su corrección política lo llevó a entregarle el manejo absoluto de la economía durante su gestión. Su incorrección consiste en describir características preocupantes de la personalidad de Vázquez, pero su corrección hizo que apoyara sin matices su candidatura, despreciando la posibilidad de promover a una figura alternativa.

Lo políticamente incorrecto del expresidente habita cada vez más en sus formas que en sus contenidos.

Lejos de la incorrección, Mujica hace y dice lo que en cada espacio se espera de él, consiguiendo con igual éxito enamorar a Rockefeller y a Fidel Castro, elogiando lo mismo a Chávez que a López Mena, deslumbrando a las frías cámaras empresariales tanto como a los jóvenes militantes idealistas. Su corrección política es tal, que dijo a Danza y Tulbovitz lo que necesitaban para hacer de su libro un éxito.