Lo obvio









La primera de las obviedades es que el Estado y un ciudadano cualquiera no son lo mismo. Desde el momento en que cobra impuestos, tiene un ejército, puede hacer leyes y encarcelar, el Estado ya no cuenta con las mismas potestades y compromisos que Juan o Pedro.

Aunque no deberían, Juan y Pedro pueden matar y torturar, y en tal caso serán juzgados y condenados por el Estado. Pero si el Estado mata o tortura, se deslegitima y afecta sus bases fundacionales.

En tal sentido, pensemos un ejemplo grosero: con qué autoridad el Estado uruguayo podría encarcelar a un ciudadano que le dio a otro una patada en la cabeza, si el mismo Estado golpea en la cabeza a otro ciudadano.

Es necesario entender que el funcionario del INAU que golpeó a un joven ya bajo control, era allí el Estado. Y el Estado no puede comportarse como una vecina indignada o como un gurí desacatado: su poder le exige otra responsabilidad.

Joselo López no puede decir “ellos también agreden”, como si fuese el líder de una pandilla contándole a una autoridad las andanzas de otro grupo delictivo. Allí él era la autoridad, el poder estatal.
  
Igualar al Estado con un ciudadano, o con grupo de ciudadanos, no es otra cosa que la vieja y maldita teoría de los dos demonios, contra la que tanto ha peleado la izquierda. Es borrar las asimetrías de poder y licuar las culpas.


La segunda obviedad es que el PIT-CNT no puede reducirse a los horrores que cometan uno, dos o diez de sus dirigentes. La central sindical uruguaya ha escrito páginas gloriosas en la historia nacional y es un bastión inexpugnable de nuestra democracia.

Reivindicaciones nobles como las que motivan el paro de este 6 de agosto no merecen ser corridas por izquierda o por derecha, bajo pretextos puntuales que directamente no tienen que ver con el tema en cuestión: la redistribución de la riqueza; lo de siempre.

Ahora, cualquier uruguayo medianamente informado sabe de los maltratos a los gurises privados de libertad: se trata de una obviedad. Hay demasiadas denuncias, varios procesados y, desde ayer, un video. Y alcanza, por si faltara más, con leer a Joselo diciendo que ellos no tratan con nenes del Crandon; una versión tuneada del “algo habrán hecho”, con todo lo que implica.

Asumiendo que ni la peor de las respuestas llegará a desmerecer a toda la clase obrera uruguaya, la pregunta, entonces, sería por qué el PIT-CNT negó y niega lo obvio.