La nueva mayoría




Foto: Colectivo Rebelarte




Atrás parece haber quedado el tiempo en que el oficialismo frenteamplista se proponía batallas culturales por la construcción de un sentido común alternativo. Este nuevo período de gobierno se ha inaugurado con muchos gestos y declaraciones oficiales que van en una dirección contraria. Cuando la ministra Muñoz dice que los docentes que no hacen paro quieren trabajar, o cuando asegura que si tuviese 18 años participaría de una marcha, no está incurriendo en comentarios ligeros: está negando las bases fundamentales del funcionamiento del sindicalismo, y está diciendo que las marchas son siempre cosas de adolescentes ilusos. Lo cual se hace desde la cúspide del Estado, siendo en el mismo sentido que se apela a enfrentar padres con docentes, o gremios entre sí.

El modo en que el discurso anti-sindical ha comenzado a penetrar en el frenteamplismo es algo preocupante. Y se trata de algo más importante que cualquier conflicto en particular. Porque la construcción de un bloque social comprometido con la defensa de la clase trabajadora y sus intereses, es un logro surgido de décadas y décadas de lucha. Y este logro vale más que cualquier gobierno, porque los gobiernos pasan, pero la sociedad queda.

Está claro que los sindicatos y los gremios se pueden equivocar, que hay sindicalistas que dan un poco de vergüenza, que no todas los métodos de lucha son igual de compartibles, y que siempre hay un grupo menor de gente fanatizada que confunde caos con revolución (¿no estaban también cuando la represión en el Filtro?). Pero esto no debe llevar a deslegitimar las herramientas ni a defender medidas oficiales autoritarias o estúpidamente represivas.


Asistimos a una etapa en la que el gobierno apela al sentido común conservador, a las “mayorías silenciosas”, a una nueva mayoría social conformada por el bloque tradicionalmente de derecha, al cual se incorporan un número importante de simpatizantes frenteamplistas. Así, es probable que muchas decisiones oficiales de esas que atrasan sean acompañadas por las encuestas y los analistas del jet set. Pero este será un triunfo a corto plazo y despreciable. Primero, porque no contribuirá a formar una conciencia ciudadana de izquierda, que favorezca la solidaridad, la inclusión y la organización popular para los cambios. Y en segundo lugar, porque buena parte de esta nueva mayoría social seguirá votando a los partidos tradicionales, aunque celebre la esencialidad en la educación o la represión en el Codicen.