Militancia al pedo








Lo vi. Lo escuché. Todos lo vimos. Todos lo escuchamos. Nuestro adversario político se tiró un pedo. Es un desagradable, un cerdo irrespetuoso que no tiene compasión, que nos inunda con semejante olor, que por qué no se lo fue a tirar a otro lado, que si no puede manejar un pedo, menos puede manejar un país, que encima con ruido, que había niños cerca y mirá si lo escuchan y después lo imitan en sus casas, que es una falta de respeto hacia las mujeres, que no debería ejercer ningún cargo, porque el día de mañana va a recibir a un presidente y en una de esas larga el estruendo mientras estrechan lazos comerciales, con la falta que nos hace venderle al mundo, y que yo ser la esposa lo dejaba, porque también se los debe tirar en la cama para luego levantar la sábana, y no quiero imaginar lo que deben ser sus calzoncillos, esa mujer tiene el cielo ganado.

Ah, no. Fue un compañero. Parece que el pedo se lo tiró un compa.

Pobre, no pudo aguantarse. ¿Sabés qué feo es tener gases y no poder soltarlos? Te provocan tremendas puntadas. Conozco gente que casi muere por contenerlos. Además, él intentó alejarse, yo lo vi, se fue hasta el fondo con la cara roja y la cola apretada. Lo hizo pensando en nosotros. Él piensa en el colectivo hasta para tirarse un pedo. Y bueno, tampoco hizo tanto ruido, fue como la pronunciación suave de una “p”. Una cosita mínima. Y no voy a decir que olía a perfume, porque, más allá o más acá, se trató de un gas, pero… no sé, tenía un aroma distinto, me hizo acordar al jazmín… Aparte, seguro que en el primer mundo también se los tiran. ¡O te pensás que Obama no se caga a pedos! ¿Y Merkel?… Y eso que este fue un simple pedito, un gas casi imperceptible, una flatulencia discreta. Porque pedos de verdad, desagradables en serio, son los que se tiran los otros. Este no, este es un pedo compañero. Y cuando un compañero se tira un pedo, ¿qué hay que hacer, compañeros? Mirar para otro lado, fingir que nadie huele nada.