La Constitución no es la Biblia










El Frente Amplio planteó la necesidad de reformar la Constitución, despertando furibundas reacciones por parte de algunos dirigentes de la oposición. Las críticas opositoras, especialmente de blancos y colorados, se podrían resumir en dos grandes ideas: que reformar la carta magna implica relegar la solución de los problemas cotidianos de la gente, y que la coalición de izquierdas busca politizar las leyes.


Para empezar, sostener que abocarse a modificar la Constitución significa obviar las dificultades diarias de los ciudadanos, resulta una declaración por demás sorprendente. ¿Desde cuándo la sociedad uruguaya marcha por un carril y las leyes por otro? Si, efectivamente, existen dirigentes políticos que creen que esto es así, deberían ser los primeros (paradójicamente) en plantear la necesidad de reformar el texto constitucional. Porque si hay una razón de ser en la Constitución, es la de organizar la vida en sociedad.

En segundo lugar, es absurdo presentar a la Constitución como un elemento apolítico y preferentemente inmodificable. Las leyes no son otra cosa que el resultado de luchas políticas, debates partidarios e imposiciones ideológicas. Todo lo cual, a su vez, suele estar signado por las condiciones de una determinada coyuntura histórica y social.

La Constitución no es la Biblia, un texto sagrado e inalterable ante el cual haya que permanecer arrodillado y que, a lo sumo, se presta para interpretaciones. Es (más bien, debe ser) un elemento vivo, cuestionable y perfectible.

Esto no quiere decir que toda reforma de la carta magna sea necesariamente buena, pero sí que tampoco deba resultar necesariamente mala o peligrosa. Y además que, mientras se respeten los procedimientos legales, la discusión no será técnica, sino puramente política, y que, por tanto, habrá que discutir cada posible modificación en el terreno de las ideas y los intereses.

Cuando alguien te quiere hacer creer que algo pertenece a un orden inalterable de cosas, es porque saca ventaja de ese orden.