“Ser de izquierda es ponerse del lado de los pobres y los discriminados”











Sigo preguntándome qué quiere decir ser de izquierda, qué significa serlo hoy y acá.

Por eso después de conversar con Zabalza me largué a buscar nuevas pistas en una charla con Alejandro “Pacha” Sánchez, alguien que, a diferencia del “Tambero”, habla desde el corazón mismo del sistema político. Y no sólo por su presente como legislador, sino también porque se trata de 
un cuadro destacado del MPP y una de las figuras clave del recambio generacional del Frente Amplio.

Cuba, el Muro de Berlín, la teoría marxista, la superación del capitalismo y las diferencias con Unidad Popular asomaron en nuestro encuentro.




Pacha, ¿qué implica ser de izquierda hoy?

Primero hay una discusión que tiene un fuerte componente ideológico, básicamente conservador, que dice que el eje izquierda-derecha ya no tiene sentido. La idea del fin de las ideologías y de los grandes relatos, y por tanto de los grandes proyectos, que afirma que ahora sólo existe la gestión. Y eso es lo más ideológico que hay, es una visión extremadamente conservadora y anti-política. Eso primero, es decir, sigo entendiendo que tiene validez la distinción entre izquierda y derecha.

Y a la hora de pensar la izquierda, creo que el asunto pasa porque la izquierda se define como aquel espacio de representación política alternativo a la sociedad que tenemos hoy, que es una sociedad que lo que hace es generar mayores desigualdades, desigualdad de ingresos, en términos de distribución del poder, de los recursos naturales y culturales. Una sociedad que está cruzada por una serie de contradicciones que tienen que ver con el racismo, la discriminación. Por tanto, ser de izquierda es ponerse del lado de los pobres y los discriminados, de los que, en definitiva, no tienen ese poder. Es defender los intereses de los descartados del sistema, de los marginados y de los subordinados.



Y esa izquierda, ¿tiene referencias o modelos a nivel internacional?

Esa es una vieja discusión de la izquierda uruguaya, y, de alguna manera, me siento integrante de una corriente que nunca creyó que había que tener modelos internacionales, y que, por tanto, nunca se adscribió a ninguna Internacional. El Frente Amplio (FA) también es una construcción en ese sentido, ya que nunca se adhirió a ninguna Internacional. Porque acá hay un pensamiento muy artiguista que tiene que ver con la autodeterminación de los pueblos, es decir, que el camino en la construcción de una sociedad más justa y más igualitaria tiene un componente muy importante que hace a la idiosincrasia, a la historia, a las realidades y los contextos concretos de cada uno de los países. Eso sí, uno puede tener solidaridad internacional con los procesos. Yo tengo buenas relaciones con los procesos progresistas en América Latina. Y, por supuesto, Cuba es una referencia en términos de dignidad y determinados valores, pese a las críticas que uno pueda hacerle al régimen cubano.



¿Cuáles son esas críticas?

Creo que el régimen cubano ha construido cosas gigantescas en América Latina, como la masificación del conocimiento y la educación. Pero muchas veces tiene dificultades en lo que hace a la participación. Es un régimen de partido único, y no creo en los regímenes de partido único, sino en la diversidad de corrientes de opinión que conviven y coexisten dentro de un proceso político, donde sí puede haber un sector o una corriente de pensamiento hegemónico. No creo que los regímenes de partido único sean un objetivo a perseguir.



¿Por ahí también van tus críticas a los regímenes del llamado “socialismo real”?

En parte sí, pero una de las críticas más importantes tiene que ver con la burocratización de esos procesos. El Muro cayó sin que se tirara un solo tiro, y eso quiere decir que cayó una experiencia muy importante, por la cual murieron más de 20 millones de personas, y no hubo nadie resistiendo. Porque en definitiva ese proyecto perdió, fracasó porque fue tomado por la burocracia y la sociedad no estuvo atrás. La sociedad no entendió que lo tenía que defender, sino todo lo contrario.



Y el marxismo como herramienta ¿está vigente? ¿Tienen valor conceptos como lucha de clases y dictadura del proletariado?

A mí no me gusta ninguna dictadura. Ahora, el marxismo como método de análisis e interpretación de la realidad, que tiene que ver con el materialismo histórico y dialéctico, está vigente. Y lo está porque da cuenta de la posibilidad comprender las cosas, más allá de las expresiones de las cosas en sí. Porque existen una serie de relaciones que están vedadas, que están por detrás, que son la esencia efectiva de relaciones en una sociedad y no lo que se presenta, que es un marco o un velo ideológico. Así se naturalizan la violencia, la desposesión de unos, que haya algunos genes que tengan herencia y que, por tanto, la herencia de los genes perpetúe que un sector sea dueño de la riqueza y de los medios de producción. Y esa es una relación que, como bien lo dice el marxismo, es ideológica. El hecho de que exista propiedad privada y que exista ese proceso, y que eso se legitime como algo natural, en realidad forma parte de la ideología de los sectores dominantes.

Por tanto, me parece que tiene vigencia el análisis que nos hace ver cuál es el contexto histórico, por qué llegamos a esta situación de propiedad privada y donde se perpetúan los privilegios.

A su vez, otro elemento significativo del marxismo es la teoría del valor, que demuestra qué es lo que le da valor a la producción. Y se lo da el trabajo humano en términos de capacidades productivas, manuales e intelectuales, el conocimiento. Por tanto, si lo que le otorga valor a los productos es el trabajo, lo que tenemos es una relación en donde, quienes son dueños de los medios de producción y del capital, se quedan con una parte importante de ese valor. Así llegamos a una expropiación a los trabajadores, a la clase que vive de su trabajo, que es mucho más grande que el proletariado, por parte de quienes viven del trabajo ajeno. Y eso sí tiene vigencia.



Pero Marx no podía ver todo, hubo cosas que no pudo prever...

Claro. Marx pensó en una sociedad en determinado momento y determinado siglo, por lo que hay avances que superan su pensamiento original. Por eso existen el posmarxismo y pensadores que vienen desarrollando nuevas ideas, que hoy hablan de otras cuestiones que Marx no podía pensar. Porque una teoría de interpretación de la realidad no puede ser pensada desde una verdad revelada, como aquellos que decían que el marxismo o la ideología socialista eran científicos. Eso llevó a la izquierda tradicional a tener una visión extremadamente ortodoxa, porque si revestís tus ideas de ciencia, eso es una verdad revelada, eso es la Biblia. Entonces, y resumiendo, creo que la interpretación marxista de la realidad es correcta, que hay intereses contrapuestos y, por tanto, una relación que es compleja. Y para resolver las relaciones complejas cuando hay conflicto es que existe la política.



Me hablaste de una sociedad, con la que discrepás, compuesta por gente que vive del trabajo ajeno y otra que vive del trabajo propio. Ahora bien, a partir de los gobiernos del Frente Amplio, ¿cuánto se ha avanzado en la superación de esa sociedad?

Hay avances importantes, aunque seguimos viviendo en una sociedad capitalista. Y es que, por más que una fuerza de izquierda llegue al gobierno, con todos los matices que tenemos dentro del FA, que contiene diversas clases sociales e ideologías, vivimos en el capitalismo y eso no lo cambiamos. Y como hay una interrelación entre Uruguay y el mundo, nosotros no vamos a construir el socialismo por decreto. Por lo tanto, llegar al gobierno no implica construir el socialismo y superar el capitalismo, el cual tiene vida para rato. Ahora, yo creo que hay que pelear por superar el capitalismo, y en ese sentido hay algunos avances.

Por ejemplo, una de las formas de avanzar en esa dirección es la desmercantilización de los bienes públicos, y el FA ha puesto algunas cosas arriba de las mesa, aunque necesita profundizarlas. Hablo de que si la educación, la salud, la cultura y la vivienda son mercancías, a los bienes de calidad acceden los que tienen más dinero, y los que no tienen dinero no acceden. Uno de los caminos, entonces, es la creación de bienes públicos de calidad y de acceso universal. Hay que sacar los bienes públicos de las góndolas de los supermercados y ponerlos en la órbita de los derechos. Así se construye un avance importante, porque se le saca al mercado más posibilidades de regir y definir cosas que tienen que ver con los derechos de las personas. Ese es un camino.



Hablaste de profundizar, y yo te pregunto hasta cuándo pueden convivir en el FA sectores que quieren avanzar en la superación del capitalismo, con otros espacios que no persiguen el mismo objetivo.

Es necesario dar un gran debate de ideas que el FA no está dando, disputar las ideas hegemónicas en una sociedad, que son las que nos ubican en el mundo. Pero en la medida en que no se profundiza en ese debate, la sociedad no pide avanzar en cambios más profundos. Y no se puede avanzar si las bases sociales no quieren ir más allá. Nosotros no podemos ir hacia una lógica de una izquierda con ideas socializantes que diga que tiene la mejor receta, la mejor propuesta y el mejor documento, pero sin que la gente pelee por ello. Y yo no veo a la gente peleando por abolir la propiedad privada.

Así que lo primero es cómo logramos que esas ideas e intenciones de profundización se vuelvan hegemónicas en la sociedad, y para eso hay que propiciar un verdadero debate de ideas y de acumulación política.

La otra discusión tiene que ver con la política de alianzas. En una sociedad en la que no es mayoritaria la idea de abolir la propiedad privada, si uno quiere acceder al gobierno para generar políticas socializantes y que se redistribuyan mejor los ingresos -que es lo que ha hecho el FA; no ha distribuido mejor la riqueza, sino los ingresos-, tiene que tener un marco de alianzas. Y estas alianzas con otros sectores que sí están de acuerdo con distribuir los ingresos, con las políticas socializantes y con determinadas regulaciones al mercado, son las que permiten gobernar y evitar que haya un gobierno neoliberal con las propuestas capitalistas más radicales, que generan una enorme cantidad de perjuicios. Esa estrategia y política de alianzas hay que mantenerla. Y serán mayoritarias unas u otras ideas en la medida en que la sociedad defienda una cosa o la otra. Pero eso no se resuelve en la discusión interna del FA, se resuelve en la discusión del FA con la sociedad.


¿Y no hay izquierda por afuera del FA?

¡Qué pregunta! La izquierda es más que la que está organizada políticamente. Creo en la idea de una izquierda social y otra político-partidaria, por lo que creo en la unidad del bloque social de los cambios, en el que están los partidos de izquierda y las organizaciones sociales y civiles que pelean por una sociedad más justa. No creo que el FA tenga el patrimonio de la izquierda. Los anarquistas son de izquierda, aunque no estén en el FA. Y después hay otros sectores que se fueron del FA, que tienen una visión de izquierda pero que, desde mi punto de vista, equivocan su estrategia y su táctica. Ellos entienden que la mejor manera de construir izquierda es tener la consigna más radical, y por lo tanto discuten sobre consignas. Pero esa izquierda radical, me refiero a Unidad Popular (UP), que llegó al Parlamento diciendo que el FA no es izquierda, muchas veces vota con la derecha en el Parlamento. Ahora, yo creo que la gente de UP es de izquierda, los siento compañeros en esa idea general de lo que significa ser de izquierda, pero tienen una estrategia equivocada, porque debilitan enormemente el bloque social de los cambios con sus actitudes y, muchas veces, con su voto.




Esta charla es parte del ciclo de entrevistas Ser de Izquierda