Miranda: “Quiero que toda la izquierda esté dentro del Frente Amplio”









Buscando el significado actual de la izquierda, llegué a conversar con Javier Miranda, presidente del Frente Amplio (FA). Opinión que me interesa especialmente porque es quien está al frente de una fuerza política que se presenta como una coalición de izquierdas, la cual hoy dirige el Estado a la vez que sufre la desmovilización de sus bases, en tanto se apronta para una actualización ideológica.


La socialdemocracia y el socialismo real, los derechos humanos y la lucha de clases fueron algunos de los temas sobre los que conversamos.



Javier, ¿qué implica ser de izquierda hoy?

La definición de izquierda sigue siendo la definición clásica que recoge Bobbio en un libro fantástico que se llama “Derecha e Izquierda”. Lo que define a la izquierda históricamente como corriente de pensamiento es la igualdad, entendida como un objetivo alcanzable. La derecha históricamente dice que siempre ha habido diferencias, que siempre hubo ricos y pobres, y que esa es una dinámica insuperable que, a lo sumo, se puede intentar achicar. Pero no hay una apuesta a la igualdad. Entonces lo que define a la izquierda, hoy y ayer, es la lucha por la igualdad, igualdad en derechos. En todos los derechos fundamentales, fundacionales, que son la razón de ser del Estado, de la política y del derecho en términos jurídicos. La razón por la cual hacemos el contrato social es la realización de los derechos de las personas. Por eso constituimos el Estado y nos organizamos como sociedad política.



Esa izquierda por la igualdad, ¿tiene modelos o referencias a nivel internacional?

Sobre todo tiene historia acumulada. La historia de la izquierda es la lucha por la igualdad. Fue la lucha en el siglo XIX con la segunda Revolución Industrial, la lucha por la igualdad en derecho por parte de los trabajadores, así como por la igualdad de la mujer, por poner ejemplos que son referencias históricas en la lucha por la igualdad en la izquierda.

Ahora, si lo que me preguntás son modelos políticos para que diga la Unión Soviética, Cuba, Venezuela o la Nicaragua revolucionaria del 79, creo que son experiencias históricas criticables, en el sentido de que hay que mirarlas críticamente. No hay un modelo único, ha habido distintos ensayos, incluso en experiencias socialdemócratas, como en países nórdicos, la socialdemocracia alemana con Willy Brandt o todo el pensamiento socialdemócrata de la Europa continental y su Estado de Bienestar. Pero no creo que haya modelos únicos, ha habido ensayos que, desde una visión de materialismo histórico, me parece capital tener en cuenta. Son modelos que van marcando procesos de construcción de sociedades igualitarias, no equitativas, sino igualitarias.



¿Por qué creés que fracasó el llamado socialismo real?

El gran déficit fue no mirar los derechos de libertad. Uno puede hacer una tipología de los derechos fundamentales en cuatro grandes cuerpos: los derechos de libertad, los sociales, los políticos y los civiles. Esas cuatro dimensiones fundan cuatro modelos de democracia: la liberal, la social, la civil y la política. Y el desarrollo de estos cuatro niveles de democracia define niveles de desarrollo e igualdad en derecho. Y yo creo que el gran déficit que tuvieron la Unión Soviética o la experiencia del socialismo real en general, es haber pensado exclusivamente en términos de derechos sociales, pero sin incorporar los de libertad, no incorporar fuertemente los derechos políticos y trastabillar en cuanto a los derechos civiles. El fracaso evidente del modelo de socialismo real obedece al no cuidado en las otras dimensiones de derechos.



¿Y cómo ves la experiencia cubana?

De la misma manera. Cuba avanza notablemente en materia de derechos sociales y en términos de democracia social, y no fue capaz de construir democracia política y democracia de libertad.



Y una herramienta como el marxismo, tan importante para la izquierda del siglo pasado, ¿qué vigencia tiene hoy?

El marxismo, el de Marx y Engels, es un posicionamiento filosófico sobre la base de la filosofía alemana. Y no es comprensible si no se le pone en su corriente histórica. El posicionamiento materialista de Marx es clave, y creo que la clave de la interpretación de la sociedad en términos materialistas, sigue teniendo una vigencia enorme. Hay que seguir estudiándolo, pero sin visiones maniqueas. La construcción filosófica de Marx responde a una época y a un estado de desarrollo del modo de producción. La contradicción inaugurada entre capital y trabajo sigue vigente, pero el modo de producción y las relaciones de producción fueron evolucionando. Pensar que las categorías de análisis del siglo XIX pueden ser aplicables al siglo XXI, es un error.

Ahora, hay una base filosófica sobre la que hay que seguir reflexionando, que tiene que ver con los condicionamientos de la base material en la construcción de la sociedad. Así que hay que seguir reflexionando sobre el marxismo, pero sin adhesiones emotivas a los pensamientos filosóficos. Es necesario seguir elaborando y acumulando sobre los desarrollos filosóficos, y es una de las cosas que no estamos haciendo.



Por lo que me decís, conceptos como dictadura del proletariado no te deben gustar mucho, ¿no?

En absoluto.



¿Y la lucha de clases?

Que hay clases sociales es innegable, y en la medida en que hay intereses contrapuestos entre el capital y el trabajo, se dan choques de intereses. El problema es cuando la categoría de análisis es descriptiva o normativa.

Yo creo que las categorías clase social y conflictos de intereses de clases son descriptivas y no normativas. Porque acá se interpreta que fomentamos la lucha de clases. Y no, no la fomentamos. Decimos que para analizar la sociedad es necesario tener la categoría clase social definida en función de relaciones de producción y conflicto de intereses entre las clases.

No es la única categoría posible de análisis de la sociedad, y uno de los grandes aportes que hace la lucha de derechos humanos, desde la segunda mitad del siglo xx, es incorporar otras categorías de análisis, en términos descriptivos, de la interpretación de la sociedad.

Existe un debate muy rico en la Escuela de Frankfurt entre Nancy Fraser y Axel Honneth, donde aparece fuertemente esta discusión bajo el título “Redistribución o Reconocimiento”. Título que, considero, es paradigmático, y esa discusión hay que darla.

Pero vuelvo y te digo que la lucha de clases como slogan no funciona, sobre todo cuando se piensa en términos normativos. Mientras que en términos descriptivos es una categoría necesaria pero no suficiente.



Vengamos a la política uruguaya. ¿Cuáles son los mayores logros y debes del FA en materia de igualdad, eso que para vos define a la izquierda?

Hemos avanzado muchísimo en términos de igualdad y de reconocimiento, pero seguimos teniendo algunos debes de igualdad muy importante. Uno es la situación de la primera infancia. En un Uruguay donde tenemos entre 10% y 11% de la población por debajo de la línea de pobreza, un 25% de esa población tiene entre 0 y 5 años. Y eso se traduce en aspectos estructurales muy complicados, que tienen que ver con la segmentación territorial de la pobreza, y la reproducción de la pobreza y acceso a derechos en función de territorios. Ese es uno de los debes más importantes de la política del FA.

Creo que tuvimos una experiencia muy buena en la emergencia social en 2005, pero ya no se trata solo de emergencia sino de un tema estructural, y hay que articular políticas focalizadas con políticas universales. Tuvimos una gran capacidad para solucionar problemas con políticas focalizadas, pero no hemos sido capaces de dar el paso hacia la universalización. Aunque tenemos experiencias formidables como el sistema nacional integrado de salud.



Para finalizar, ¿hay que izquierda por fuera del FA?

En términos descriptivos sí, no hay duda. En términos normativos yo quiero que toda la izquierda esté dentro del FA, dando el debate en el terreno de la izquierda, porque lo que nos define es la igualdad. Y eso es lo que hace a esta coalición y movimiento una experiencia política formidable, cualitativamente distinta a todas las experiencias de frentes electorales.




Esta charla es parte del ciclo de entrevistas Ser de Izquierda